Jimmy Bosch, Regresa a Bogotá

Fernando España

A Barry Rodgers, trombón mayor.

Retorna a Bogotá, Jimmy Bosch, el llamado “Trombón criollo de la salsa dura”. Regresa a una ciudad donde existe una tendencia en los músicos aprendices a identificarse con el sonido urbano del trombón neoyorricano.

Instrumentistas que pronto, o ya maduros, constituyen agrupaciones con uno, dos, o más unidades de este instrumento de metal y viento, que remonta sus orígenes a los albores de la humanidad, cuando el hombre primitivo descubre la posibilidad de producir sonidos con los cuernos de los animales al juntarlos a sus labios.

Esta herencia ancestral podría ser una de las causas por las cuales en Bogotá existan un buen número de orquestas “tromboneras”. Sin embargo no es la única razón. Los seres humanos tenemos en la memoria multiplicidad de antecedentes que conducen consciente o inconscientemente a tomar decisiones diariamente en el paso de la vida.

Quizá esté entrañado en el recuerdo de las edades infantiles, cuando emocionados por la llegada del circo se veía desfilar a una comparsa haciendo ruido, y entre sus integrantes sobresalía un payaso empuñando una trompeta compuesta de una vara que alargaba y extendía desde su boca.

Quizá esté en la memoria de los años estudiantiles, cuando luchando por concentrarse en clase se escuchaban en la cancha de básquetbol, los ensayos de la banda de guerra del colegio, en la cual comenzaría carrera más de un trombonista.

Quizá esté en la añoranza del pueblo natal, donde la banda municipal refrescaba las tardes de los días festivos al ritmo de cumbias, porros, bundes, bambucos, pasodobles y sanjuaneros. En ellas, mínimo se alineaba un trombón.

Quizá en la escucha discográfica de las “big band” de Memo Salamanca y de las integradas por Generoso Jiménez y Mon Rivera.

Quizá se deba a la ciudad, donde flota contaminante un ultrasonido industrial denso, atravesado por las cornetas de aire de las gigantes tractomulas. ¡Pita camión!

Quizá a la influencia de la salsa urbana neoyorricana, tan del gusto de las distintas generaciones de salseros bogotanos.

O quizá en la comprensión conciente de las razones que llevaron a Eddie Palmieri a hacer del trombón un instrumento sonoro cargado de connotaciones sociales irreverentes y alternativas.

En la salsa, el origen de las tromboneras aconteció en los inicios de los años sesenta en Nueva York, cuando Palmieri en pleno furor de las charangas y las “big band” encontró en los registros de los trombones el modo de manifestar su particular manera de sentir el son cubano, de adaptar las singularidades del jazz, de expresar sus motivaciones políticas y de señalar los derroteros sonoros a las generaciones de su tiempo en el Spanish Harlem.

Fundamentado en el conjunto de son, desarrollado en La Habana, desde principios de los años cuarenta por Arsenio Rodríguez, e influenciado por la armonía charangoza de la Orquesta Aragón, Palmieri reemplaza en ese formato a las tres trompetas por dos trombones y una flauta, restándole además por razones económicas: el tres y la guitarra. Funda así su “Conjunto La Perfecta”, que contaría con trombonistas como José Rodríguez, Joe Donato y Barry Rodgers, precursores del “sonido Nueva York”, especialmente el último, de origen estadounidense, de quién manifiestan sus colegas y expertos que fue uno de los músicos arreglistas que mejor comprendió el alma estética de "El Barrio".

El trombón llega al ámbito latino neoyorricano mediante el jazz, género en el cual, desde el cambio al siglo XX en Nueva Orleáns había tenido una participación como instrumento rítmico y armónico en las bandas de Dixieland, para luego alcanzar un lugar como solista melódico en las “big band”. Propiedades explotadas por Palmieri, quién generaría una corriente dentro de la música bailable latinoamericana.

Estilo enriquecido por los músicos trombonistas de las agrupaciones de Willie Colón, Johnny Colón, Tito Ramos y Tony Rojas, Frankie Dante, Ralfi Val, Wayne Gorbea, y especialmente por Manny Oquendo con su “Conjunto Libre”, escuela por la cual han pasado Papo Vasquez, Steve Turre, Dan Reagan, Lenny Pollara, Reinaldo Jorge, Leopoldo Pineda y Jimmy Bosch.

El concepto acústico elaborado por Palmieri y Rogers trascendió las fronteras de Harlem, consecuencia de la fundación de sellos discográficos como Alegre o Fania, acogidos tempranamente en Colombia. Donde para comienzos de los años setentas se contaría en Barranquilla con la “Orquesta La Protesta” y en Medellín con “Fruko y sus Tesos”, fundada por Julio Ernesto Estrada, quién luego conformaría a “The Latín Brothers”, la trombonera por excelencia nacional.

En los ochentas aparecerían Jairo Varela con el “Grupo Niche”, Alexís Lozano con “Guayacán Orquesta”, Alberto Barros con “Los Titanes” y César Mora con “María Canela”, donde estaría vinculado César Monge, fundador de “La Dimensión Latina” de Venezuela y arreglista de la cuerda de trombones en los noventas del Grupo Niche, agrupación derivada de la propagación neoyorquina del trombón pero con una orientación ético – estética, diferente a la motivada por el “sociólogo de la salsa” Eddie Palmieri.

Consecuentes con Palmieri voces manifiestan la frase: “sí la trompeta es al son cubano, los trombones son a la salsa”, que aunque debatible muestra las diferencias y autonomías de estos géneros que se nutren mutuamente. Tal como durante los ochentas, desde Cuba, aportarían a la historia del trombón salsero: Juan Formell con sus “Van Van”, Elio Revé con su “Charangón” y “Los Karachi” de Santiago; más cercanos a lo producido por las “Estrellas de Fania”, a Larry y Andy Harlow con Lewis Khan, a Bobby Rodríguez y “La Compañía”, a la “Orquesta La Solución” en Puerto Rico y a la fluidez sabrosa de Fanny Ceballos en “El Gran Combo”, que a los trompetazos brillantes de Arsenio Rodríguez o la Sonora Matancera.

Actualmente, un hoy con más de dos décadas, la trombonística contemporánea cuenta con Juan Pablo Torres (Q.E.P.D.), Arturo Velasco, Conrad Herwig y Jesús "Aguaje" Ramos y tromboneras como “Plena Libre” de Puerto Rico, “Bailatino” de Venezuela y Johnny Polanco con su “Conjunto La Amistad” en los EE.UU.

Es posible que a través de esta trayectoria las nuevas generaciones de salseros bogotanos, más afectos a la acústica urbana que a la nostalgia campesina, hallen en el sonido épico de este instrumento del siglo XIV, de singular belleza, divertimento circense o agresividad guerrera, un órgano expresivo gozoso.

Un instrumento que en ciertas corrientes cubanas y estilos del jazz tiene una secundaria participación, pero que en la salsa es prioritario desde los tiempos del “Conjunto La Perfecta” hasta los recientes de la capital colombiana, donde han aparecido un buen número de trombonistas siguiendo las huellas adelantadas por Gustavo “Pantera” García, Ramón Benítez, Edilberto Liévano y Armando Quintana, “pioneros” en Bogotá de los sonidos salseros del sacabuche. Así como para el Nueva York de los sesentas lo fueron Jack Teagarden, Arthur Prior, Juan Tizol, Generoso Jiménez y Mon Rivera.

Retorna a Bogotá Jimmy Bosch, a tocar con el Sexteto Latino Moderno (Plus), una celebración que evoca al encuentro de Eddie Palmieri con Cal Tjader en los sesentas, la conciliación de los sonidos aguerridos de las calles neoyorricanas con las vibraciones finas en los salones de bailes, y a ese concierto del 2008 en el agosto del Astor Plaza bogotano.

¡Qué se repita, por Dios, en Bouquet Real Internacional (antiguo Rumbaland) y Galería Café Libro de la 93, el concierto del año anterior, pero ahora bailáo.


Fuente:
http://www.jimmyboschenlatrombomania.blogspot.com; ESPAÑA, Fernando; La Trombonía bogotana. Salsa, la cultura y la política son de la salsa sus dos alas. 2007. Editorial Amerriqua. Bogotá, D.C.
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